La resolución de problemas es una importante actividad cognitiva que ha sido
reconocida desde hace tiempo por la teoría y la práctica educativas. Sin embargo,
cuando hablamos de resolver problemas, podemos estar pensando en aspectos diferentes.
Desde el punto de vista de la educación escolar, la resolución de problemas
es, generalmente, contemplada como una parte del currículum relacionada con
materias de tipo científico.
Todos sabemos de forma más o menos intuitiva qué es un problema, ya
que constantemente estamos enfrentándonos a ellos. En cualquier caso, en el
marco de este artículo partiremos de la siguiente definición: «un problema es
una situación en la que se intenta alcanzar un objetivo y se hace necesario encontrar
un medio para conseguirlo» (Chi y Glaser, 1986, p. 295). Siguiendo esta
definición, en todo problema existe un objetivo que queremos alcanzar. El
problema en sí aparece en el momento en que debemos determinar cómo lograr
dicho objetivo.
la calidad de la solución dependerá de su racionalización; y teniendo
en cuenta que la solución es fruto de cómo ha sido representado el problema,
nos podemos encontrar con que la representación particular desarrollada
sea crítica con el conjunto del proceso. La cuestión de la consistencia interindividual
de la solución es, pues un aspecto muy importante, pero poco estudiado
hasta el momento.
La interpretación de la resolución de problemas dentro de este paradigma
enfatiza la importancia de las conductas fundamentadas en el ensayo/error,
las jerarquías de hábitos y las cadenas de asociación y transformación del
aprendizaje.
En las investigaciones sobre la solución de problemas la Gestalt centra la atención
en la estructura del problema. La comprensión de las partes del problema es
tan necesaria como la captación de las formas de la organización, que puede producir
la solución. De acuerdo con esta teoría, el proceso de solución de problemas
consiste en una transformación, en un intento de relacionar un aspecto de una situación
problemática con otro. Por ello, el resultado final de un proceso de solución
supone una comprensión estructural. Apreciar cómo todas las partes de un
problema encajan para satisfacer las exigencias de un determinado objetivo implica
reorganizar los elementos de la situación problemática y, en consecuencia, resolver
el .
La resolución de problemas es, pues, una forma de aprendizaje
significativo en la que las condiciones del problema y los objetivos deseados
se interrelacioNAN en la estructura cognoscitiva existente. El discernimiento depende,
según Ausubel, de algo más que de la sola estructura de la tarea del problema,
tal y como opinan los gestálticos, ya que está en función de la experiencia
previa del alumno. De este modo, no podemos considerar que las soluciones del
problema aparezcan bruscamente, sino que lo hacen después de un período de
tanteos. En definitiva, «la posesión de conocimientos antecedentes pertinentes
(conceptos, principios, términos conjuntivos, funciones disponibles) en la estructura
cognoscitiva, particularmente si son claros, estables y discriminables, facilita la
resolución de problemas» (Ausubel, 1983, p. 490).



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